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Una alimentación equilibrada no solo beneficia la salud física, sino que también puede mejorar significativamente la salud mental. Estudios en psicología nutricional han demostrado que una dieta rica en nutrientes esenciales, alimentos integrales y baja en ultraprocesados puede reducir los síntomas de depresión y favorecer el bienestar emocional, destacando la importancia de una nutrición consciente para alcanzar una mejor calidad de vida.
Es bien sabido que nuestra alimentación influye directamente en nuestra salud física. Una dieta con una alta concentración de azucares y grasas saturadas es peor para nuestro corazón que una que incluya altas porciones de fibra y nutrientes. Menos conocido es el hecho de que una buena nutrición afecta de manera significativa nuestra salud mental. Este descubrimiento proviene de una creciente línea de investigación conocida como psicología nutricional o psiquiatría nutricional, parte de una disciplina científica que reconoce la importancia de factores del estilo de vida como el ejercicio, las prácticas espirituales y el apoyo social en la promoción de la salud mental (Walsh, R. , 2011).

El papel de la dieta en la salud mental se viene examinando desde finales de los años 1990, cuando se realizó un estudio para comprobar si existía una relación entre el consumo de pescado y la depresión mayor, esto debido a que se encontró que bajas concentraciones plasmáticas de DHA, un ácido graso esencial presente en el pescado, predicen bajas concentraciones de CSF 5-HIAA, un marcador de la serotonina en el cerebro. Este hallazgo es relevante porque los niveles bajos de CSF 5-HIAA están fuertemente asociados con la depresión y el suicidio. En la investigación se realizó una comparación entre países que mostró una correlación entre un alto consumo de pescado en un país determinado y tasas anuales más bajas de trastorno depresivo mayor, aunque finalmente se concluyó que a pesar de que existe una correlación no se podía asegurar que existiera una relación causal. (Hibbeln, J. R. , 1998).

Desde entonces, los investigadores han estado explorando las posibles influencias de los tipos de alimentos y dietas, los patrones dietéticos y los micronutrientes y otros suplementos en la salud psicológica. El cerebro utiliza nutrientes para apoyar el trabajo metabólico de las enzimas, las moléculas que convierten una sustancia química en otra. Las enzimas no pueden hacer ese trabajo por sí solas: para realizar sus hazañas transformadoras, necesitan un abundante suministro de vitaminas y minerales, las que al cumplir una función catalizadora en la actividad enzimática reciben el nombre de cofactores.
Tomemos el ejemplo de la serotonina, el neurotransmisor que nos hace sentir bien y que es el objetivo de muchos antidepresivos. Para fabricar este neurotransmisor de forma natural, la química del cerebro debe pasar por una compleja cadena de pasos metabólicos que dependen de la presencia de docenas de cofactores, entre ellos la vitamina B1, la riboflavina, el cobre y el calcio. El mismo principio se aplica al proceso de producción bioquímica de todos los neurotransmisores, cada uno de los cuales requiere su propio conjunto de cofactores específicos para funcionar eficazmente.
Una alimentación adecuada del cerebro conduce a una mejor salud mental porque el combustible adecuado le permite funcionar mejor en todos los aspectos. Una dieta saludable basada en alimentos integrales también reduce el exceso de inflamación en el cuerpo; mejora la función de las mitocondrias, que producen ATP (trifosfato de adenosina), un compuesto que da energía a las células; y ayuda al microbioma intestinal proveyéndolo de microbios digestivos saludables, que a su vez reducen la cantidad de microbios nocivos para la salud.
Los investigadores están tomando esta información básica y estudiando cómo las diferentes dietas impactan diversas condiciones de salud mental. Están descubriendo que las dietas que incluyen alimentos integrales y diversos nutrientes (como las que se promueven en las dietas mediterránea, japonesa y noruega) pueden tener un impacto positivo en muchas afecciones. También están descubriendo que los suplementos vitamínicos y minerales de alta calidad, así como los aminoácidos, las formulaciones a base de hierbas y los probióticos, también pueden ayudar. (Sarris et al. , 2022).
La depresión es la afección más ampliamente examinada en esta área, con estudios que muestran que una mejor nutrición puede ayudar a las personas con niveles clínicos y no clínicos del trastorno. Por ejemplo, un metanálisis de 16 ensayos controlados aleatorios, en su mayoría con muestras de personas que tenían depresión no clínica, encontró que las intervenciones dietéticas redujeron significativamente los síntomas depresivos, aunque tuvieron menos efecto sobre la ansiedad (Firth et al. , 2019).
De manera similar, un ensayo controlado realizado en Francia con una muestra de más de 25.000 personas que no tenían síntomas depresivos, demostró que después de un período de 5 años, al menos 2000 casos de síntomas depresivos fueron identificados en ese período. Esto reveló que el incremento de estos síntomas iba de la mano con un aumento en el consumo de alimentos ultra procesados (Adjibade et al. , 2018).
A pesar de que aún queda más por investigar, la relación entre la alimentación y la salud mental es cada vez más evidente y relevante en el ámbito científico. Desde el impacto de los nutrientes en el funcionamiento cerebral hasta los efectos de las dietas integrales en la reducción de los síntomas de depresión, la investigación en psicología nutricional está arrojando luz sobre cómo nuestros hábitos alimenticios pueden influir en nuestra salud mental.
Este conocimiento subraya la importancia de adoptar hábitos alimenticios saludables como parte integral de nuestro cuidado personal y la promoción de nuestra salud mental.
El camino hacia la plenitud no sólo se basa en medicamentos, sino también en una alimentación consciente y nutritiva. Al priorizar una dieta que nutra tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, podemos aspirar a una mayor calidad de vida y bienestar emocional.
Fuentes