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Un estudio revela que el entrenamiento en realidad virtual inmersiva puede replicar los beneficios del ejercicio físico, disminuyendo el estrés psicosocial y la ansiedad. Esta innovadora herramienta podría ser clave para pacientes con limitaciones físicas y personas mayores, especialmente en sociedades con altas demandas de rendimiento y envejecimiento poblacional. El ejercicio físico beneficia nuestro bienestar general; sin embargo, para algunas personas, como pacientes neurológicos, personas con enfermedades cardiovasculares y pacientes hospitalizados, puede no ser viable o incluso riesgoso.
En estos casos, el entrenamiento en realidad virtual inmersiva (IVR) podría ofrecer beneficios similares. Un estudio realizado por investigadores del Centro de Investigación para el Envejecimiento Inteligente de la Universidad de Tohoku sugiere que este tipo de entrenamiento virtual puede reducir el estrés psicosocial y la ansiedad. Aunque la IVR fue creada inicialmente para el entretenimiento, ha despertado el interés de la comunidad académica por su potencial clínico, permitiendo a los usuarios experimentar un mundo virtual a través de un cuerpo virtual.

beneficios cognitivos y neuronales comparables a los del ejercicio físico real

En estudios previos, los investigadores observaron que ver un cuerpo virtual en movimiento desde una perspectiva en primera persona provocaba cambios fisiológicos en participantes jóvenes, cuya frecuencia cardíaca aumentaba o disminuía en sincronía con los movimientos virtuales, a pesar de que los sujetos permanecían inmóviles. Estos cambios generaron beneficios cognitivos y neuronales comparables a los del ejercicio físico real. En un estudio de seguimiento, estos beneficios se observaron también en adultos mayores saludables después de sesiones de 20 minutos, realizadas dos veces por semana durante seis semanas.
En la investigación actual, se evaluó además el efecto del entrenamiento virtual sobre el estrés, añadiendo otra dimensión a los beneficios potenciales de la IVR. Durante el experimento, los participantes, jóvenes y saludables, experimentaron el entrenamiento virtual desde una perspectiva en primera persona, creando la ilusión de movimiento mientras el avatar corría a 6.4 km/h durante 30 minutos. Los investigadores midieron la respuesta al estrés psicosocial a través de la enzima alfa-amilasa en saliva, un biomarcador clave del estrés neuroendocrino, y evaluaron los niveles de ansiedad mediante un cuestionario.
Los resultados indicaron una reducción en la respuesta al estrés psicosocial y en los niveles de ansiedad después del entrenamiento virtual, similares a los efectos que se obtienen tras el ejercicio físico. El estrés psicosocial es el que se experimenta en situaciones sociales frecuentes, como el juicio social, el rechazo y la evaluación de nuestro rendimiento. Si bien una exposición moderada al estrés puede ser beneficiosa, una exposición repetida y elevada puede dañar nuestra salud. Este tipo de entrenamiento virtual representa una nueva frontera, especialmente en países como Japón, con altas demandas de rendimiento y una población envejecida.
La realidad virtual inmersiva podría constituir una herramienta efectiva para reducir el estrés y la ansiedad en personas que no pueden realizar actividad física tradicional, como pacientes con ciertas limitaciones de salud o personas mayores. La posibilidad de replicar los efectos del ejercicio físico mediante la realidad virtual abre nuevas oportunidades en el ámbito de la salud mental y el bienestar, particularmente en sociedades con alto estrés y envejecimiento poblacional.
Fuentes